Un proyecto acotado, armado sobre decisiones concretas y límites reales de la costa argentina.
La recepción de un hotel frente al mar no se comporta igual en enero que en junio. Ese cambio de ritmo es el que ordena todo el trabajo: qué se automatiza, qué se deja en manos del mostrador y qué se documenta para que el próximo verano no empiece de cero.
Temporada alta en la costa atlántica · operación mixta mostrador y online
El punto de partida era una agenda de reservas manejada por tres personas con criterios distintos. En temporada baja funcionaba: pocas consultas, tiempo para responder una por una. En diciembre, con la misma estructura, las solicitudes se cruzaban, se duplicaban habitaciones y las confirmaciones salían tarde. Nadie tenía una vista única de qué estaba tomado y qué quedaba libre.
La decisión de fondo fue no comprar un sistema nuevo, sino ordenar el proceso existente. Se definieron reglas simples: qué consultas se responden en el momento, cuáles pasan a revisión, y en qué momento una reserva deja de ser tentativa. Eso obligó a discutir criterios que antes quedaban implícitos, como el manejo de seña y la prioridad entre huéspedes recurrentes y reservas nuevas.
Se separó la temporada en tres tramos con reglas propias: baja, media y alta. Cada tramo tiene su tiempo de respuesta esperado y su política de liberación de habitaciones sin confirmar. El registro pasó a un único formulario compartido, con campos obligatorios que antes se salteaban por apuro.
Lo que más costó no fue la herramienta, sino sostener el criterio cuando el teléfono no paraba. Se dejó una planilla de respaldo para los días de pico y una reunión corta al cierre de cada semana para revisar qué se trabó. La mejora se mide en algo concreto: cuántas reservas se pierden por respuesta tardía y cuántas noches quedan bloqueadas sin huésped.
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